El error que cometí en todos mis viajes

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Finlandia fue uno de los mejores viajes porque me preocupé solo por pasear

Hace pocos días estuve tratando de recordar los viajes que hice en los últimos siete u ocho años. Me di cuenta que no se me olvidaron muchos de los sitios a los que he ido y me sentí orgulloso porque mi memoria no me fallaba. Pero cuando quise recordar qué vi exactamente en cada lugar vino la catástrofe: o miraba fotos o no iba a ser capaz de recordar el nombre de tal o cual edificio o lo que hice cada uno de los días.

Al principio me sentí molesto porque me había gastado muchos días y dinero en recorrer rincones preciosos del mundo y cinco, siete u ocho años después no era capaz de recordar si lo que vi se llamaba de una manera o de otra. No recordar las cosas puede hacer que me ponga de mal genio, aunque no me dura mucho la mala cara.

Tengo que reconocer, para mi tranquilidad, que no es fácil acordarse de las cosas que hiciste hace algunos años. No importa si se trata de un monumento en la otra punta del mundo, una receta nueva o la obra de teatro que fuiste a ver en tu ciudad. Intentar guardar todo lo que viste es imposible y, a veces, un tanto inútil.

Buscando en mi cabeza me encontraba con imágenes de edificios que se confundían e incluso de se mezclaban con otros países. A veces no sabía si un monumento lo había visto en Uruguay o en Argentina; me pareció creer que el Lotus Temple estaba en Bombay y no en Nueva Delhi y así podría hacer una lista más grande.

 

Los momentos lo son todo

Entre todos los países que visité y todas las ciudades que recorrí me doy cuenta que aquello que recuerdo con más claridad no son los edificios ni los monumentos sino las situaciones que atravesé.

Puedo acordarme con claridad cómo picaba la hamburguesa en India, cómo se reía Agnes en la isla de Skye o el sol de medianoche en Rovaniemi. Podría pasarme horas hablando de los regateos en Marruecos o de lo bien que me lo pasé en el karaoke de Berlín.

Los lugares son preciosos, disfrutables en su momento y memorables, al menos para mi, durante unos meses; pero lo que de verdad me queda en la memoria son las situaciones por las que he pasado.

Me pueden decir que haga más fotografías, que filme cada rincón, que no deje de escribir sobre todo lo que he visto pero ¿sabéis qué? Que no me interesa. No me interesa estar preocupado por fotografiar cada rincón, por correr detrás de todos los puntos turísticos para decir “allí estuve”. Viajar es vivir y vivir en experimentar.

Viajar y preocuparnos por los monumentos y los edificios puede ser interesante pero dejar de lado las vivencias, abandonar los momentos especiales y no buscar experiencias es no haber aprovechado nuestro viaje al máximo.

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4 Comentarios.

  1. Totalmente de acuerdo!

    Esa experiencia o ese olor o sabor es mejor que cualquier monumento o museo. Y son los que más recuerdas.

    Recuerdo un monje que viendome alrededor del monasterio sacando fotos me invito a pasar. Dentro conocí todos los monjes y hasta me invitaron a comer ¡con ellos!. ¿Cómo era el monasterio? tendría que mirarlo en fotos para acordarme, pero la vivencia con los monjes… esa no necesito mirar nada. :)

    Un Saludo Arol!

  2. Totalmente de acuerdo. Vivir es experimentar y vivenciar. Hay que conocer los monumentos claro, pero son las vivencias y sensaciones lo que no se olvidan. Alguna vez un guía En Escocia viendo que sacaba mil fotos me dijo: “suelta la cámara y disfruta la vista. Las Imágenes Se guardan en la retina”. Y es verdad. A veces sacamos las fotos que “debemos” sacar en cada lugar y nos olvidamos de disfrutar el lugar. Es así.

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