Un superhéroe en kilt me sacó de una tormenta de nieve

5.30 de la tarde. Miri, yo y nuestros amigos César y Nuria comenzamos a subir una montaña rodeando el parque nacional Cairngorms en Escocia sin saber que el viento y la nieve irían aumentando tanto que tan sólo unos minutos después estaríamos en medio de una noche cerrada viviendo una aventura un poco difícil de olvidar.

Salimos de Edimburgo y pusimos rumbo al norte en medio del invierno escocés, lo cual significa ver nieve y más nieve a los lados de las carreteras. Al principio lo disfrutamos, hicimos fotos y hasta nos arrojamos bolas de nieve jugando como niños; las vistas eran impresionantes y la diversión muy buena.

superheroe-kilt

Pasado el mediodía, después de visitar algunos rincones escondidos y detenernos frente a lagos y castillos majestuosos continuamos con la ruta. Poco a poco nos fuimos adentrarnos en una montaña con una carretera que serpenteaba la montaña y se hacía cada vez más estrecha; el viento empujaba nuestro coche de lado mientras que hacia adelante no veíamos más que un color blanco intenso. Por momentos la tormenta se detenía y nos dejaba ver que el vehículo iba sobre hielo, que el precipicio a la izquierda y la montaña a la derecha eran puramente blancos y daba miedo. Seguimos un poco más hasta que la tormenta volvió, el hielo de la carretera se hacía más grueso y el aire no nos dejaba avanzar. Estábamos ciegos en medio de una montaña y no pasaba ni un alma.

[bctt tweet=»Cuando estás en problema siempre hay un escocés para ayudarte de la manera más llamativa» via=»no»]

A nuestros lados sólo veíamos los palitos rojos que ponen para que no te salgas de la carretera cuando hay mucha nieve. Aunque intentamos seguir rodeados por estas guías el coche dejó de avanzar y no nos quedó más remedio que bajarnos y tratar de empujarlo de lado para que saliera del atasco. Sacar un vehículo de esa situación no es tarea fácil porque si la tormenta se veía fea desde dentro imaginaros afuera. Por suerte para nosotros seguía sin pasar nadie así que no corríamos riesgo que nos atropellaran.

El termómetro marcaba -14ºC de sensación térmica. Los copos golpeaban en la cara con fuerza, patinábamos al mínimo movimiento y el coche resbalaba sin poder avanzar. Miri, César y yo lo movimos un poco de lado mientras Nuria maniobraba desde dentro para sacarnos de allí. Por momentos pareció una tarea imposible hasta que las luces de un coche nos iluminó con potencia, se detuvo y del medio de la nada vimos acercarse a un hombre. Qué digo un hombre… era un gigante salido de la montaña nevada! Era un señor alto, ancho vistiendo chaqueta, kilt y llevando un cuchillo junto a su calcetín derecho.

Entre los cuatro nos pusimos a empujar y el coche cogió un impulso que nos arrancó de ese manto blanco en cuestión de pocos minutos. Cuando el hombre terminó su tarea se marchó sin decir palabra, en un silencio casi misterioso acompañado sólo por una sonrisa y el movimiento de su kilt al viento.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando…

Comenta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *