Finladia, el país sin rocas

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Estaba muy equivocado, desinformado y lleno de datos estadísticos que habían creado en mi la ignorancia sobre Finlandia. Me apena no haberme interesado más por este país antes, pero agradezco que ese desconocimiento me haya llevado a descubrir un territorio lleno de historias interesantes, con habitantes un tanto peculiares y con un paisaje sorprendente.

“Finlandia es un país relativamente nuevo”, me dice alguien en Oulu que se preocupa en hacer especial hincapié en ese carácter “relativo”. En el año 1700 los rusos invadieron el país, impusieron su religión y persiguieron a todo aquel que se opusiera a sus ideales y modo de entender el mundo. Pasaron los años y Finlandia pasó a manos de Suecia; volvieron a pasar los años y otra vez los rusos se hicieron con el país aunque esta vez dieron un poco más de libertades. Tal vez las libertades fueron tantas o tal vez los movimientos políticos fueron tan grandes que Finlandia le debe su independencia a un ruso: Vladimir Lenin. Lenin vivió en el país báltico antes de liderar la revolución bolchevique y fue el cariño que le cogió al sitio lo que hizo que más tarde firmase el acuerdo para que los finlandeses tengan un país libre.

Por falta de tiempo o por hacerlo más práctico muchas veces me permito visitar sólo la capital de los países o las ciudades importantes con lo cual me llevo una buena impresión de lo que es el epicentro de una nación: un sitio grande donde se encuentran las principales características de un país pero arrancadas de su hábitat. Visitar la capital de un país se parece un poco a ir al zoológico; podemos ver todas las especies juntas pero no en su estado natural.

Recorrer todo un país, por el contrario, nos pone en contacto con el individuo y su hogar. Recorrer Finlandia desde el sur hasta el norte me ha entregado una visión más amplia. Sé, ahora, que en Helsinki que el diseño de vanguardia es admirado y que su relación de amor y odio con Suecia le ha ayudado a crear esa identidad tan moderna e independiente de la que goza. Me he enterado cómo la industria ha hecho surgir ciudades como Tampere u Oulu y cómo allí defienden esa capacidad de motor económico. He descubierto cómo la Laponia arranca en Rovaniemi -ni antes ni después-y cómo ellos, contagiados por los Suomis, los suecos y los rusos podrían crear su propio país donde la principal característica sería lo inhóspito y lejano que transita con días que duran dos meses y medio y noches que se extienden por el doble.

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Pensé durante este viaje que en se país de carácter nuevo e incierto se basaba la casi inexistencia de construcciones antiguas, restos arqueológicos y a arquitectónicos en pie aun visitables por el viajero. No pude encontrar grandes castillos ni fuertes majestuosos aun intactos. Los busqué sin éxito. La respuesta me la dio, sin pretenderlo, un empleado del museo de la ciencia maderera, Pilque. El hombre, muy orgulloso, me dijo “este edificio, de cinco plantas, está construido íntegramente en madera”.

El edificio del que hablaba es elegante, bonito, moderno, pero no es duradero ni sólido como la roca, roca de la cual carece en abundancia el país que, para suplir esa resistencia que da la piedra se basa en la fortaleza que se basa en la moral, la educación y los valores que son más fuertes que cualquier piedra que podamos encontrar.

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