Mis recuerdos de viaje

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Como en tantos otros viajes que hice antes, en mi visita a Oslo busqué algo típico de la ciudad y que al verlo me recordara esos rincones preciosos que visité, pero salvo pocas excepciones me encontré con lo mismo que en cada ciudad haciendo de la originalidad souvinera una rareza difícil de encontrar.
Ya he visto muchos imanes con mapas o alguna imagen irónica de la ciudad. Ni que decir de los llaveros o las bolas simulando nieve aun cuando sea un sitio caluroso. En Argentina, por ejemplo, te puedes llevar un mate (sin bombilla ni yerba) como recuerdo y parece algo interesante hasta que te das cuenta que cada ciudad vende el mismo mate y solo cambia la palabra que dice “Rdo de Tal Ciudad”. Hasta “Rdo” es igual en todas ellas por falta de espacio para escribir “recuerdo”.
Yo también compro recuerdos aunque cada vez menos típicos. Mi recuerdo de cada ciudad que visito son camisetas pero me di cuenta que también son todas iguales o muy parecidas así que dejé de comprarlas por costumbre. Además mi armario y mi minimalismo me pedían a gritos que parara así que ahora busco otras cosas para recordar un país o una ciudad.
Hace un tiempo Miri escribió sobre los mejores souvenires que te puedes encontrar en París y me gustó la idea de lo raro, de que no siempre es el mismo objeto y lo mejor es que puede ser algo útil, que no sólo sea un adorno que lo ves cada vez que quitas el polvo al limpiar la casa.
He visto también otras personas que compran vinilos decorativos para pared de al ciudad en la que estuvieron y las ponen en alguna pared de su casa, una idea interesante pero que te deja un tanto limitado y terminas solo con un destino decorativo. También hay listas como esta de otros recuerdos menos típicos.
Mis souvenires han ido cambiando con el paso del tiempo y tal vez sea porque no me gusta acumular cosas, porque no considero que sea realmente necesario gastar dinero para recordar un sitio o porque simplemente me gusta acordarme de las vivencias.
Ahora, cada vez que voy a un lugar nuevo intento aprender una receta, traerme algo cultural que no se puede comprar, disfrutar de algo intangible y cuando lo repito en casa me acuerdo de ese lugar que visité, eso es mucho mejor que cualquier imán pegado en una nevera.

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